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Preguntas sobre el teatro del mundo

El chivo expiatorio

Aún no he podido explicarte lo del teatro del mundo (subtítulo de este blog), porque cada día salen más cosas que me apetecen comentar, como este follón de las estatuas...

Cuando estudié la tragedia clásica, hablamos mucho de la catarsis, término adoptado por la psicología, pero proviniente del teatro y la filosofía griegas. Aristóteles hablaba de la katharsis como una purificación de pasiones, a la que se llegaba a través de la imitación de la obra trágica. Vamos, como cuando lloras viendo una película, pero en profundo. Por supuesto, el término es mucho más amplio.

En la sociedad griega se hacía uso del katharma, un recipiente en el que se depositaba simbólicamente la culpa colectiva o aquello que atormentara a la ciudad. El símbolo en cuestión, chivo o persona, era apedreado, escupido, apaleado y empujado fuera de la ciudad. La ciudad tenía una experiencia catártica y podía seguir con su vida. Esto también lo hemos visto en muchas películas de la Edad Media.

La idea del chivo expiatorio no es exclusivamente griega: en el Deuteronomio se habla de un ritual de estas características, y algunas fuentes dan fe de este tipo de rituales en el siglo XXIV a.C. También podemos ver esta idea en muchos rituales vudú, leyendas de objetos malditos, etc.

Son 10 minutos de charla, no 16.
Ánimo, puedes descubrir que no eres quien crees.

Pero, ¿esto qué tiene que ver con nosotros? Pues mucho. Seguimos haciendo lo mismo. Esto, que los lingüistas llaman metonimia, es un defecto humano, confundir la parte por el todo, hacer decodificaciones aberrantes (de lo que ya hablé aquí). Algo en nosotros nos impulsa a creer que destruir un símbolo tendrá un efecto, o que podemos concentrar todo un concepto en un símbolo – como cuando decimos «los policías son así», «los de tal partido son asao», y un largo etcétera. Y así nos va.

Lo que está pasando con las estatuas (iconoclastia pura y dura) es una prueba fehaciente de que una gran parte de nosotros sigue siendo un animal irracional. Por mucho que uno esté en contra de la colonización de América (Colón), la evangelización de las Américas (fray Junípero) o la implementación de la lengua española en América, de la que el chivo expiatorio ha sido Cervantes. Flipo.

El que piense que «muerto el perro, se acabó la rabia» se equivoca muy mucho. Y esta irracionalidad se está trasladando, en el nombre de la libertad y la lucha por la igualdad, a un terreno peligroso, el del vandalismo y la censura. Estatuas de Voltaire o Churchill también están siendo destruidas.

Voy a poner algo de comedia, a ver si entra mejor,,,

Cojamos Mein Kampf, un libro detestable tanto por lo que representa como por quien lo escribió. ¿Debemos quemarlo? Al hacerlo, además de que convertirnos paradójicamente en lo que estamos intentando eliminar (en una ironía trágica griega en toda regla), no aprendemos nada de nada.

Por esta lógica, destruyamos las pirámides y el foro romano, construidos por esclavos. Arrasemos Grecia, llena de pederastas, drogadictos e invasores. Destrocemos la Iglesia que fundó la Inquisición. Devolvamos cada país a su legítimo dueño y vayámonos todos a la mierda, parafraseando a los grandes.

No. Creemos perspectiva constructiva. Hablemos del pasado, demos voz a los (y especialmente las) que no la han tenido, y contextualicemos a quien abusó del poder. Pero usando la razón y la educación (no en el sentido de los modales), y no la violencia.

Una de mis citas de cabecera, que repito inconstantemente es del filósofo danés Kierkegaard es que «La vida solo se puede entender hacia atrás, pero hay que vivirla hacia adelante».

Si destruimos el pasado, no hay futuro bueno posible.


Jorge Rivera

Director y vividor, cuando me dejan.


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2 Comentarios

  1. Daniel Mateos Chatín 24/06/2020

    Creo que ya te lo comenté: contextualizar y explicar sí, censurar o destruir no. La educación y la cultura debe ser la máxima siempre.
    El pensamiento único es eso mismo, único y exclusivista. Es como el portero de una discoteca, solo entran los que a él le dan la gana. Es un caprichoso.
    Como bien dicen Faemino y Cansado: «Que va, que va, que va… yo también leo a Kierkegaard»

    • JRivera 24/06/2020 — Autor de artículo

      En alguna cosa tendríamos que estar de acuerdo, pequeño saltamontes…

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